Reseña del segundo Festival Infantil Mesunitos

Reseña del segundo Festival Infantil Mesunitos

Hay algo que uno aprende muy rápido cuando trabaja con niños. Si una historia no logra tocarlos, ellos simplemente se van. No necesariamente del salón, claro, pero sí con la mirada, con la cabeza, con la imaginación. Y recuperar esa atención puede convertirse en una tarea casi tan difícil como salvar una quebrada con un ejército de títeres.

Durante la última semana de agosto vivimos la segunda versión del Festival Infantil Mesunitos, una apuesta que nació con una idea sencilla. Utilizar el arte para hablar con los niños sobre temas que muchas veces los adultos complicamos demasiado. El cuidado de la naturaleza, la participación, el buen trato, la solidaridad, las decisiones que tomamos y la responsabilidad que tenemos con el lugar donde vivimos.

El Festival Infantil Mesunitos salió al territorio

Nuestro recorrido comenzó en el Escuela de Primaria de la Inspección de San Joaquín y continuó por el Colegio Francisco Julián Olaya Sede C y por el ColegioSabio Mutis, ubicados en el casco ubano del Municipio de La Mesa, y para finalizar, el Colegio Ernesto Aparicio Jaramillo de la Inspección de La Esperanza. Cuatro colegios, cuatro comunidades educativas diferentes y una misma pregunta dando vueltas en nuestra cabeza. ¿Cómo lograr que los niños no solamente reciban un mensaje, sino que también hagan parte de él?

En cada colegio comenzamos proyectando El Guardián de la Memoria, un cortometraje que cuenta cómo Ricardo Rico termina convirtiéndose en Sir Richard. No lo hace porque sea el hombre que más sabe, sino porque finalmente comprende que el conocimiento pierde sentido cuando solamente sirve para alimentar nuestro propio ego. Aprende que saber también implica servir.

Y detrás de ese personaje hay algo mucho más cercano a nosotros. Sir Richard es un homenaje a Ricardo Rico Romero, escritor e historiador de La Mesa, reconocido líder social y cofundador de Mesunos Org, quien falleció en febrero de 2022. Su vínculo con la historia del municipio, con la comunidad y con la construcción de Mesunos hizo que quisiéramos mantener parte de su memoria dentro de este universo que hoy estamos creando para los niños.

Por eso tampoco es casualidad que Sir Richard sea el guardián de un libro que conserva historias. De alguna manera, el personaje nos permite hablar de memoria, conocimiento y servicio, pero también recordar a alguien que hizo parte de nuestra propia historia. Y quizá esa sea una de las formas más bonitas que tiene la cultura de mantener vivas a las personas, convertir lo que dejaron en una historia que otros puedan seguir contando.



Después aparecieron los títeres y con ellos La Quebrada La Esperanza, una obra donde Belén descubre que una niña también puede levantar la voz cuando algo que pertenece a todos está en peligro. Una quebrada amenazada por un proyecto urbanístico termina siendo la excusa perfecta para hablar de agua, participación ciudadana, medios comunitarios, organización y corresponsabilidad.

Y ocurrió algo bonito. Los niños empezaron a meterse dentro de la historia.

Cuando Lalo, el caracol africano abrió los micrófonos de Rin Rin RenaRadio, los niños respondieron. Cuando Belén necesitó apoyo para defender la quebrada, levantaron la mano. Y cuando llegó el momento de reunir firmas, la obra dejó por algunos minutos de tener una frontera tan clara entre actores y espectadores. Eso era precisamente lo que queríamos.

Cuando jugar es la mejor forma de aprender

Al terminar las presentaciones nos quedábamos con grupos más pequeños para jugar Mesunópolis. Allí la dinámica cambiaba completamente. Ya no había una pantalla que mirar ni un escenario frente a ellos. Ahora tocaba moverse, recordar, conversar, responder y tomar decisiones.

El juego combinó preguntas con retos físicos, ejercicios de memoria, tarjetas didácticas ambientales y actividades cooperativas. Los niños podían pasar del cuidado del agua al buen trato, de los animales a la convivencia, del reciclaje a la comunicación o del liderazgo a una decisión cotidiana aparentemente sencilla.

En el Francisco Julián Olaya incluso hicimos algo más. Invitamos a varios estudiantes a formar pequeños grupos, imaginar una historia con un mensaje ambiental y después representarla ellos mismos utilizando los títeres. Por un momento dejamos de ser nosotros quienes contábamos las historias y fueron ellos quienes empezaron a construirlas.

Tal vez esa sea una de las cosas que más nos dejó este Festival Infantil Mesunitos.

Los niños tienen muchísimo que decir cuando encuentran un espacio donde sienten que realmente los están escuchando.

Estudiantes jugando con el tapete pedagógico de Mesunópolis durante el segundo Festival Ambiental y Cultural Infantil Mesunitos
Estudiantes jugando con el tapete pedagógico de Mesunópolis durante el segundo Festival Ambiental y Cultural Infantil Mesunitos

No todo tiene que terminar en castigo

Antes de producir estos contenidos realizamos un diagnóstico participativo con estudiantes de tercero, cuarto y quinto. Encontramos conocimientos muy claros sobre reciclaje y cuidado ambiental, pero también algo que nos llamó la atención. Frente a diferentes problemas colectivos aparecía con frecuencia la idea del castigo como primera solución.

Por eso decidimos hacer algo diferente con Dotorancio, nuestro antagonista.

Durante buena parte de la obra es egoísta, tramposo y está convencido de que el progreso significa construir sin importar el costo. En otro tipo de historia probablemente habría terminado derrotado, castigado y expulsado mientras todo el mundo celebraba.

Esta vez no.

Dotorancio Gamonález regresa, reconoce que se equivocó y pide una oportunidad para aportar. Decide sumarse a la recuperación de la quebrada sembrando árboles. No desaparecen las consecuencias de sus actos, pero aparece una idea que también necesitamos enseñar. Una persona puede equivocarse, reflexionar, reparar y volver a sumar.

Porque educar en valores tampoco debería limitarse a enseñarle a un niño quién es el bueno y quién es el malo.

Una reflexión que también nos llevamos nosotros

Durante las proyecciones y algunos momentos de la obra notamos algo que ya esperábamos. Los niños se dispersan con facilidad. Pero mientras avanzaban las jornadas también empezamos a preguntarnos cuánto tiene que ver esto con la manera en que hoy consumimos contenidos.

Buena parte de los videos que circulan por internet compiten por nuestra atención mediante estímulos permanentes, cortes rápidos, sonidos, movimientos y cambios constantes. Parece que cada pocos segundos tiene que suceder algo para impedir que pasemos al siguiente contenido.

Y ahí apareció una pregunta incómoda para nosotros mismos.

¿También tenemos que hacer eso para lograr que un niño nos mire?

Creemos que no.

Claro que tenemos que aprender nuevos lenguajes, mejorar los ritmos y entender cómo están consumiendo contenidos las nuevas generaciones. Pero también tenemos una responsabilidad. Si queremos aportar, no podemos convertir la sobreestimulación en nuestra única herramienta para mantener la atención.

Mesunitos nos enseñó que quizá el camino esté en mezclar lenguajes. Mirar una película, emocionarse con unos títeres, levantarse, jugar, responder una pregunta, hacer una mímica, discutir con un compañero y tomar una decisión.

Una historia que salió del salón

El recorrido terminó el sábado 29 de agosto en el Parque Lagos del barrio Marsella. Allí el Festival Infantil Mesunitos dejó los colegios y se encontró con las familias alrededor de la proyección de El Guardián de la Memoria y una jornada de cine con mensaje ambiental, pero sobre todo de empatía, de ponerse en la piel (literal) de los demás, para así poder entender su versión de la verdad.

Cinco días después de comenzar el recorrido nos quedaron fotografías, videos, títeres, un tablero gigante y muchas anécdotas. Pero, sobre todo, nos quedó la certeza de que la cultura puede hacer algo que a veces olvidamos. Puede ayudarnos a conversar con los niños, con las familias, con el territorio y también con nosotros mismos.

Porque quizás una película no cambie el mundo, tampoco una obra de títeres, mucho menos un juego. Pero como aprendió Belén frente a La Quebrada La Esperanza, nadie necesita cargar solo con semejante tarea. A veces basta con poner nuestra gota.

La comunidad del barrio Marsella disfrutó de una noche de cine con el Festival Mesunitos
La comunidad del barrio Marsella disfrutó de una noche de cine con el Festival Mesunitos

El II Festival Ambiental y Cultural Infantil Mesunitos fue financiado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes de Colombia, a través del Programa Nacional de Concertación Cultural 2026.

Agradecemos también a la Secretaría de Educación Cultura y Juventud y a la Biblioteca Municipal de La Mesa por su apoyo. A las Instituciones educativas de San Joaquín, Ernesto Aparicio Jaramillo de La Esperanza, al Francisco Julián Olaya y al Sabio Mutis por abrirnos las puertas y dejarnos entrar a jugar con los niños, a compartir con ellos y sobre todo, a aprender de ellos.

También agradecemos al Padre Martín Medina, la Parroquia Santa Bárbara de La Mesa y la Emisora Comunitaria Mi Gente Radio 99.5fm, por su apoyo, por permitirnos usar sus espacios para transmitir lo que hacíamos y para preparar este Festival, a Catalina Arenas y Jeisson Cuervo, gracias por creer y confiar en nosotros y en el Festival, a la organización juvenil Bumahá y al Consejo Municipal de Juventud por apoyar este proyecto.

Segundo Festival ambiental y cultural infantil Mesunitos

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